QUERIBLES CARTAS MANUSCRITAS
Por Debby Masovetzky
No niego que es maravillosa la inmediatez de Internet; en minutos estamos conectados con todo el mundo. Pero me pregunto yo ¿estamos conectados? Así como rápido me conecto, también rápido me des-conecto, también rápido borro las palabras que me enviaste.
Trátenme de romántica o de cursi, o como dicen mis hijos “lo que pasa, mamá, es que sos de la época de los dinosaurios”, cuando añoro el tiempo en que escribíamos cartas en papel. Escribir cartas en papel requiere tomarse un tiempo. A veces elegimos un papel especial, pensamos antes de escribir, elegimos las palabras, porque no se borra tan fácil como con la computadora. En la compu ¿cómo hacemos para imprimir un beso con rouge? ¿Cómo para usar un papel perfumado? ¿Cómo enviamos pétalos de rosa?
Además, aunque se trate de tarjetas, no se las tira a la basura, se las guarda por orden de fechas, atadas con una cinta, en alguna caja o cofre especial, si es con llave mejor y de vez en cuando se las relee, se las huele, se las toca; se reviven los momentos vividos.
Por supuesto que tengo guardadas las cartas que me escribió mi novio, que después se transformó en mi marido, y luego me siguió escribiendo. Y aunque los años las fueron amarilleando, más de una vez las releo, y más de una lágrima de emoción pugna por salir. Y la dejo. Porque no es malo emocionarse.
En las cartas se buscan los restos de un amor perdido o recuperado, el desamor, la euforia, el paraíso y el infierno y toda esa batahola que despierta la pasión o su agonía. Y, a veces, se les prende fuego.
Una ex amante de Ernest Hemingway fue obligada por su posterior marido a quemar las cartas que el novelista le enviara. Un celoso con razón.
Yo hubiera preferido que me incineraran a mí. Pero hay mujeres más sensatas.
26-9-06
Recreación de una carta de Noemí Carrizo -Clarín 24-9-06