<font size="1">Cada mañana comenzaba su rutina en conciertos de amor y sinfonía, mientras que la dueña de la casa, una señora de gran calidad social y extremadamente bella, se ufanaba de su suerte ante la vida. </font>
<font size="1">Pensaba en lo afortunada que era, cada vez que escuchaba al ruiseñor, su pájaro consentido, florear con elegancia su melodía. </font>
<font size="1">Había sido escogida para ser feliz y era tan verdadero su entusiasmo, que le transmitía a su florida ave, toda esa emoción y dicha que respiraba desde hacía tres años, cuando la compró y la alojó en la pajarera más hermosa y cara que pudo conseguir.</font>
<font size="1">Luego de descargar sus emociones, daba vueltas y más vueltas, con ostensible instinto de placer y cuando se alejaba de la hermosa jaula suspirando de felicidad, dejaba al ruiseñor suspirando también, pero con aire reflexivo y pensando en voz alta. </font>
<font size="1">.-¿Que culpa tengo yo, para que me prive de mi libertad que es un premio que me gané por estar vivo y que merezco por ser también hijo de Dios?. ¿Cuál es mi delito, si tan sólo aspiro y exhalo belleza y más belleza?. ¿Por qué yo soy culpable de que ella sea tan feliz?- </font>
<font size="1">Se acordó mientras tanto, que tenía que seguir cantando para olvidar que …¡Estaba preso! </font>