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Colaboraciones

Semillas de Paz

Publicado por en Apr 24, 2003 - 08:28 AM

Había una vez una muchacha muy linda...
Había una vez una muchacha muy linda. A ella le gustaban mucho las flores, los colores de las flores, las fragancias de las flores. Y tal era esta afición que cuando creció decidió ser florista. Antes de eso viajó por todo el mundo en busca de todas flores diferentes que crecían en los rincones más escondidos del planeta. Recogía las semillas de las flores para después plantarlas en su país, y así poder tener todas las flores del mundo. Cuando regresó a su país, así lo hizo, y además de plantar las flores desconocidas que había traído de su viaje, decidió cruzar las semillas extrañas con las semillas de las flores de su país, y crecieron flores bellísimas, a cual más y más bella. Había flores de color verde pistacho, de color morado, rojas pálidas, azul cielo, con lunares, con pecas, con vellos, y siempre nacían nuevas flores de las remezclas. Sus flores fueron haciéndose famosas en todo el país y llegaba gente de las partes más alejadas a comprarle sus flores. Ella siempre les regalaba unas semillas para que pudieran hacer nuevos cruces en sus tierras. Y se decía que adonde iban sus flores iba también la felicidad.

Un día llegó una anciana, sorprendida ante tanto color, tantos aromas diferentes, tal exuberancia, le pregunto a la muchacha:

- mi amor, entre todas estas flores, ¿no tienes la más importante?

- ¿Cuál mamita? a cuál te refieres?

- mi niña, si no lo sabes es que no la tienes, es una flor de belleza incomparable, sabrías de cual te hablo

- y, ¿cómo es esa flor, mamita?

- no te la puedo describir, su color es muy vivo, mezcla de todos los rojos, amarillos, naranjas, verdes, azules, violetas, su aroma una mezcla de todos los aromas, dulce como la miel, fuerte como el café, meloso como el ámbar, no hay flor que la iguale. Cuando la hueles te transporta a un mundo mágico de utopía, cuando la contemplas, tu mirada se limpia de todo prejuicio y solo ves belleza a tu alrededor.

- y ¿dónde puedo encontrarla? he recorrido todos los lugares del mundo y no la he visto en ninguno de ellos, ni nadie me ha hablado de ella.

- mi amor, esa flor es muy extraña, tanto que muy pocos la conocen y en pocos lugares crece, la encontrarás siempre en lugares donde reina la paz, llenos de niños y de gente buena. Como puedes deducir, lugares así, pocos quedan ya en el mundo. Si consigues una de esas flores y consigues esparcir sus semillas por todo el mundo, observarás como la paz irá floreciendo poco a poco en todos los lugares donde ahora hay conflictos, pero cuidado, no debes explicar nunca las propiedades de esa flor, si lo hicieras, la flor se marchitaría y nunca más volverá a florecer y sus semillas se transformarían en semillas de discordia.

Cuando la muchacha iba a hacerle una nueva pregunta, la anciana desapareció como había llegado, de la nada. Pensativa, cerró el puesto de flores, encargó el cuidado de sus flores a un muchachito que a veces la ayudaba y partió a la búsqueda de esa flor maravillosa

La muchacha andubo y andubo a lo largo y a lo ancho de su tierra, y allí no encontró nada, andubo y andubo por todo el continente y tampoco la halló, recorrió el mundo y tampoco la encontró.

Desanimada y triste regresó a su país, y cuando ya estaba a punto de llegar a su pueblo, un olor juguetón se instaló en su nariz haciéndole cosquillas, ella nunca había olido nada igual, no lo podía reconocer, sólo sabía que la hacía sentirse inmensamente feliz, empezó a andar en la dirección de donde venía ese olor y se fue adentrando poco a poco en un espeso bosque que transcurría al lado de un río. De repente apareció en un pueblo donde todo el mundo parecía feliz, nadie peleaba, todos se ayudaban, había niños que sonreían, les preguntó cuál era la causa de su felicidad, nadie lo sabia, siempre había sido así. Nunca nadie había peleado, siempre habían compartido, todo lo resolvían de manera amigable.

Siguió río arriba y un destello la cegó, continuó andando en su dirección guiada ahora sólo por el olor y cuando abrió los ojos... se encontró delante de una flor maravillosa, de unos colores vivos nunca vistos antes, aterciopelados, rojos, naranjas, violetas, todos mezclados en un color al que todavía no se le ha encontrado nombre, y el olor, ay el olor! embriagante, indescriptible, sólo él la hacía ya sentir en otro mundo, flotando en el aire y llena de una felicidad nunca antes experimentada. Al momento se dio cuenta: la había encontrado!!! pero, no la iba a cortar... ¿qué hacer? Cuando acercó la mano para acariciarla, la flor, de repente dejó caer unos granos de tamaño de un grano de café, eran unos granos de color morado, con un tacto suave.

De vuelta a su casa, pensó y pensó cómo hacer para que estas semillas realizaran su misión, y soñó un sueño, y en su sueño la anciana le aconsejó: debes plantar las semillas en tu jardín, y cuando crezcan las flores en la próxima primavera, deberás recoger parte del polen que desprendan. El día que el Viento sople más fuerte deberás depositar el polen en sus manos y él lo repartirá por todos los lugares del mundo.

La muchacha despertó y se dispuso a plantar las semillas tal y como le había aconsejado la anciana en el sueño. Cuando llegó la siguiente primavera en su lugar habían crecido unas preciosas flores que desprendían un aroma pacificador y embriagante. La muchacha recogió todo el polen que dejaban caer y el día que el viento sopló más fuerte, ese día, subió a la colina más alta de toda la comarca, abrió sus manos y el Viento se acercó cuidadosamente y arrancó el polen para llevarlo por todo el mundo.

La magia que tenía el polen era la siguiente: todas las personas que lo aspiraban recibían la capacidad de ver todo lo bueno que había en las demás personas y se borraba automáticamente cualquier rastro de malicia, avaricia, envidia y ansia de poder, que al fin y al cabo, son los que en la mayoría de las ocasiones provocan los conflictos.

De esta manera las guerras y los conflictos se fueron reduciendo cada vez más, porque las personas eran capaces de ver que más allá de las diferencias que había entre ellas, siempre había un fondo de bondad que permanecía y eso hacía que fueran capaces de dialogar antes de enzarzarse en cualquier tipo de conflicto.

 
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